domingo, 29 de junio de 2014

MATEOS (Calle)

Esta calle en el núcleo pre-urbano de Arucas, antiguo callejón por el que se accedía desde la antiguas calles del Potrero (la actual calle Pérez Galdós) y del Real de San Juan a la calle Cerera y al Tabaibal, mantiene su nombre desde muy antiguo. Sabido es que las denominaciones populares de las calles en esos tiempos siempre se han realizado por el apellido del estante en la misma, bien por sus bienes o por su notoriedad social. La circunstancia que el apellido se mencione en plural, no condiciona su antigüedad, dado que al tratarse de un apellido patronímico, derivado del nombre de pila del padre o un antepasado, la nominación del antiguo callejón como MATEOS infiere que hace referencia a una saga de varios individuos de una misma familia.

En el Lugar de Arucas está documentado que en la antigüedad dos alcaldes ordinarios llevaron este apellido. Juan Mateo que lo fue en los años 1633 y 1634, y posteriormente, Salvador Mateo de Quintana quien lo fue desde 1706 a 1710.

En los primeros siglos tras la conquista castellana, hasta la segunda mitad del siglo XVIII los alcaldes ordinarios eran realmente un cargo de funcionarios elegidos por los regidores el uno de enero de cada año. Esta elección debía hacerse entre los vecinos y naturales del lugar que tuviera parroquia, y además, como en el caso de los regidores, preferir a los primeros pobladores y sus descendientes. En el antiguo Lugar de Arucas de escasa población se dio la circunstancia de que los cargos de sacristán de la parroquia y alcalde ordinario coincidían ocasionalmente en la misma persona, cargos que prestigiaban a la persona que los desempeñaba.

Aunque no podemos adverar que sea el caso que nos ocupa, el cargo de alcalde ordinario en muchas ocasiones pasaron de padres a hijos, por el conocimiento que de las familias tenían los regidores que los elegían para impartir la justicia ordinaria, pequeños conflictos entre vecinos.

La vinculación a la parroquia y a sus cofradías era considerado en la antigüedad un prestigio social. «Asociadas a la iglesia nos aparecen otras personas que indudablemente debieron gozar de cierta importancia, no ya tanto económica sino de prestigio social, aunque a nivel económico hemos encontrado en algunas parroquias que los sacristanes eran poseedores de esclavos. Estas personas que tienen relación con la parroquia son los sacristanes, los mayordomos de fábrica y cofradías y los alguaciles de la iglesia. En Arucas las fuentes hacen referencia a sacristanes menores y mayores. 

(...) Los sacristanes mayores de Arucas que quedan reflejados a lo largo del siglo fueron 8 y su permanencia en el cargo fue prolongada, y así Juan González lo fue de 1606 a 1624; Esteban Díaz de Ortega de 1627 a 1635; Fernando de Armas y Troya de 1654 a 1691 y Salvador Mateo de Quintana que comienza en 1696 y se introduce en el S. XVIII. Este último, junto con el Br. D. Juan Mateo de Castro, que fue sacristán de Arucas antes de pasar a párroco de Moya, en 1642, fueron los únicos clérigos que desempeñaron este cargo. Algunos de estos sacristanes desempeñaron la función de notarios y en ocasiones escribían las memorias y últimas voluntades convirtiéndose así, en muchos casos, en albaceas testamentarios; también en ocasiones compaginaban el cargo de sacristán con el de mayordomo de fábrica, como lo hizo Fernando de Armas y Troya en 1662» (RODRÍGUEZ CALLEJA, J.E.: La Población de Arucas y Moya en el siglo XVII, Las Palmas de GC, 2002, pp. 251-252).

Nos aparece el nombramiento de Salvador Mateo de Quintana como sacristán mayor el primero de enero de 1696, por la entrega del sacristán menor Miguel Suárez de Medina por la ausencia del mayor desplazado a Fuerteventura, quien hizo entrega «... de todo dicho tesoro menos una estola colorada que dicen no la había, todo lo cual entregó en presencia mía y de los testigos que lo fueron  los reverendos padres fray Simó González Denis y fray Bartolomé González Marrero de la Orden de los Predicadores, lo cual el susodicho cura en presencia de los dichos testigos entregó a Salvador Matheo de Quintana sacristán mayor de dicha iglesia, el cual lo dio por entregado en dicho día, mes y año, el cual dio por fiador a Lorenzo González Travieso, el cual se obligó con su persona y bienes habidos y para ver y entregar lo que faltare de dicho tesoro ...» (SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, J.: Historia de la Parroquia de San Juan Bautista de Arucas 1515-1817, Las Palmas de GC, 2013, p. 202).

Lo localizamos como vecino distinguido cuando el 13 de marzo de 1707, es uno de los firmantes ante notario, del acuerdo de los vecinos del Lugar convocados al toque de campanas «... para obtener el logro de Su Majestad el señor don Felipe V, haga merced a este lugar y sus vecinos del Beneficio Eclesiástico que pretenden por su vecindad de 500 y más vecinos y los frutos que en él se dan cuantiosos para la Fábrica de dicha Iglesia y Beneficiado ...» (Obra citada, p. 216).

Igualmente actúa de sacristán cuando se realiza el inventario del 24 de octubre de 1724 por mandato del visitador, con el añadido que comparecen como testigos dos licenciados clérigos presbíteros Francisco Bernardo y Andrés Mateo de Quintana deduciendo que se trate de un hermano de Salvador Mateo, tiempos remotos que dice el autor acreditan que el párroco vivía con otros sacerdotes para atender las capellanías que dejó Juan Mateo de Castro (Obra citada, p. 239).

Ese mismo año compagina el cargo de sacristán con el de notario público y de visita que ejerce en la del canónigo José Álvarez de Castro para comprobar el estado e inventario de las ermitas de san Pedro y san Sebastián en Arucas, de san Andrés en la Costa de Lairaga, de la Santísima Trinidad en Azuaje, de los Dolores en Los Trapiches y de san Nicolás de Bari en Tenoya (Obra citada, pp. 242/245).

En 1734 por un conflicto del párroco Pedro de Ortega con las hermandades del Santísimo y del Rosario de no seguir la costumbre de "rociarlas con agua bendita mediante el hisopo", comparece ante el párroco para informar de sus normas en su condición de secretario de ambas hermandades (Obra citada, p. 258). En 1736 comparece Salvador Mateo ya como mayordomo de la Cofradía del Santísimo (Obra citada, p. 256) y otras más comparecencias.

No nos ofrece duda que si alguna saga responde al prestigio social para que un callejón sea conocido con su apellido, es la de los hermanos Salvador y Andrés Mateo de Quintana, el segundo de aparente menor prestigio social que el primero, si bien  tiempo después sería párroco de Arucas:

«47º.- D. Andrés Mateo de Quintana, nació en esta Villa de Arucas y fué bautizado en la Parroquial del Sr. San Juan Bautista, donde dijo su misa nueva, fué Teniente Cura y Mayordomo de la Cofradía de Ánimas en dicha Villa, uno y otro muy poco tiempo, quedándose en flor con su muerte el mucho fruto que se esperaba siendo delatado su vida, fue sentida por todos y por muchos llorada por lo amable de sus buenos procederes. Su cuerpo está en dicha Parroquia, y su alma quiera Dios tenerla en el cielo. Amén» (QUINTANA MIRANDA, P.M.: Cuaderno 1º de notas referentes al pueblo y parroquia de Arucas, ed. digital, 2012, p. 78).

En cuanto a Salvador Mateo, su saga seguiría y así tenemos «Ejercía como mayordomo del Santísimo desde enero de 1739 Bartolomé Mateo de Quintana. Había sustituido a su padre Salvador Mateo que durante doce años había administrado la cofradía  "sin interés alguno, con celo y aplicación" » (SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, J.: Historia de la Parroquia de San Juan Bautista de Arucas 1515-1817, Las Palmas de GC, 2013, p. 266).




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Fuente: "Calles con historia como Penny Lane", Parte Tercera de mi libro Silencios rotos. El desflorillado de la historia aruquense, ed. digital 2012 - MDC Silencios rotos : el desflorillado de la historia aruquense


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